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XI. Lo que escuché desde el barril de manzanas
—No, yo no —dijo Silver—. Flint era el capitán; yo era solamente sucabo, ¡qué podía ser con mi pata de palo! El mismo cañonazo que dejó ciego aPew se llevó mi pierna. Fue un excelente cirujano el que terminó decortármela, sí, con título y todo, y sabía hasta latín… Aunque eso no le salvóde que…
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XII. Consejo de guerra
Se produjo un gran tumulto a bordo. Oí el tropel de los marineros quesubían a cubierta desde su cámara y ocupaban el castillo de proa. Me deslicéentonces en un santiamén fuera del barril y, escondiéndome bajo la cangreja,di un rodeo hacia popa para simular que de allí venía, y una vez que vi aldoctor Livesey…
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XIII. Así empezó mi aventura en la isla
PARTE TERCERA: MI AVENTURA EN LA ISLA El aspecto de la isla, cuando a la mañana siguiente subí a cubierta, habíacambiado por completo. La brisa había amainado, y, aunque durante la nochenavegamos bastante, en aquel momento nos encontrábamos detenidos en lacalma a media milla del suroeste de la costa oriental, que era la más baja.Bosques…
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XIV. El primer revés
Tal satisfacción me produjo el haber conseguido despistar a John «elLargo», que hasta empecé a sentir un cierto gozo al contemplar aquel paisajeextraño que me rodeaba.Había cruzado en mi carrera un terreno pantanoso, poblado de sauces,juncos y exóticos árboles de ciénaga, y me encontraba entonces en un calverode dunas, como de una milla de ancho,…
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XV. El hombre de la isla
De repente, por la ladera de aquel monte, tan escarpada y pedregosa, oícaer unas piedras que rebotaron contra los árboles. Instintivamente me volvíhacia aquel sitio y vi una extraña silueta que se ocultaba, con gran rapidez, trasel tronco de un pino. Lo que aquello pudiera ser, un oso, un mono, o hasta unhombre, no podía…

