• VI. Los papeles del capitán

    Cabalgamos sin descanso hasta que llegamos a la puerta del doctorLivesey. La fachada de la casa estaba a oscuras.El señor Dance me indicó que desmontase y llamara, y Dogger me cediósu estribo para hacerlo. Una criada nos abrió la puerta.—¿Está el doctor Livesey? —pregunté.Me respondió que el doctor había estado durante toda la tarde, pero…

  • VII. Mi viaje a Bristol

    PARTE SEGUNDA: EL COCINERO DE A BORDO A pesar de los deseos del squire, pasó algún tiempo antes de queestuviésemos listos para zarpar, y ninguno de nuestros planes —ni siquiera lasintenciones del doctor Livesey de que yo permaneciera junto a él— pudocumplirse a satisfacción. El doctor precisó ir a Londres en busca de un médicoque…

  • VIII. A la taberna «El Catalejo»

    Después de reponer fuerzas, el squire me entregó una nota dirigida a JohnSilver, para que se la llevara a la taberna «El Catalejo», y me dijo que no teníapérdida, ya que sólo debía seguir a todo lo largo de las dársenas hastaencontrar una taberna que tenía como muestra un gran catalejo de latón. Echéa andar,…

  • IX. Las municiones

    La Hispaniola estaba fondeada en la zona más apartada de los muelles, ytuvimos que abordarla en un bote. Durante el trayecto fuimos pasando bajomuchos y hermosísimos mascarones de proa, junto a las popas de otros navíos;a veces un cabo que colgaba rozó nuestras cabezas, otras los arrastramos bajonuestra quilla. Por fin llegamos a la goleta…

  • X. La travesía

    Aquella noche la pasamos en el natural ajetreo que precede a zarpar, dandolas últimas disposiciones sobre los pertrechos, y atendiendo a las amistades delsquire, que como el señor Blandly y otros, se acercaban con sus botes a desearuna buena travesía y un feliz regreso. Jamás en la «Almirante Benbow» habíayo pasado noche tan agitada; y…

¡Busquen, busquen!

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