• XXXI. La busca del tesoro: la señal de Flint

    —Jim —dijo Silver, cuando nos quedamos solos—, yo he salvado tu viday tú la mía, eso no lo olvidaré. He visto cómo el doctor te rogaba queescaparas con él y te he visto a ti decir que no, tan claro como si lo hubieraoído, Jim, y eso es algo que apunto en tu favor. Es…

  • XXXIII. La caída de un jefe

    Jamás se vio revés semejante en este mundo. Cada uno de los seis hombresse quedó como si lo hubiera fulminado un rayo. Pero Silver reaccionó casi enel acto. Todos sus pensamientos habían estado dirigidos, como un caballo decarreras, hacia aquel dinero; pero se contuvo en un segundo y conservó lacabeza, trató de recuperar su humor…

  • XXXIV. El fin de todo

    Al día siguiente, muy de mañana, empezamos a acarrear aquella inmensafortuna hasta la playa, que distaba cerca de una milla, y desde allí, otras tresmillas mar adentro hasta la Hispaniola. La tarea fue muy pesada para tan cortonúmero como éramos. Los tres forajidos que aún erraban por la isla no nospreocupaban; uno de nosotros vigilando…

¡Busquen, busquen!

Capítulos Épicos

Anuncio Comercial