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XXVI. Israel Hands
El viento, sirviendo a nuestros deseos, cambió al oeste. Podíamos navegarcon más facilidad desde el extremo noreste de la isla hasta la entrada de laCala del Norte. Pero como no había forma de poder anclar, y yo no me atrevíaa varar la goleta hasta que la marea estuviera alta, durante largo tiempo notuvimos nada que…
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XXVII. ¡Doblones!
Como el barco estaba tan escorado, los mástiles sobresalían sobre lasaguas, y a la altura que yo estaba, en la cruceta, veía bajo mis pies la superficiede la bahía. Hands, que no había alcanzado esa altura, cayó cerca del casco,casi junto a la borda. Vi su cuerpo emerger entre remolinos de espumasanguinolenta y volver a…
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XXVIII. En el campamento enemigo
PARTE SEXTA: EL CAPITÁN SILVER La luz de aquel fuego que iluminó el interior del fortín no hizo sino queviera realizados mis más sombríos presentimientos. Los amotinados se habíanapoderado del recinto y de todas nuestras provisiones; allí estaban el barril deaguardiente, la salazón de cerdo y la galleta, pero lo peor, lo que hizoaumentar mis…
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XXIX. La Marca Negra, de nuevo
Durante largo rato los bucaneros mantuvieron su consejo; después uno deellos entró en el fortín, repitiendo el mismo irónico saludo, que me pareció unaburla, y pidió que se le prestase por unos momentos la antorcha. Silver se laentregó secamente, y el enviado volvió a salir, dejándonos a oscuras.—Comienza la brisa, Jim —dijo Silver, que cada…
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XXX. Bajo palabra
Me despertó —para decir verdad, nos despertamos todos, hasta el centinelaque se había dormido en su puesto— una voz jovial, campechana, que nosllamaba desde los lindes del bosque.—¡Eh del fortín! —gritaba—. ¡Soy el doctor!Él era, en efecto. Y a pesar de la alegría que me causó oírle, la sombra deuna preocupación me rondaba. Porque sabía…

